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Escultura «Alejandro Casona» en Cangas del Narcea


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Patrimonio histórico
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  • Ubicación: parque de La Reguerala, en el centro de la villa de Cangas del Narcea, capital del concejo o municipio asturiano del mismo nombre que dista 100 km de la ciudad de Oviedo (capital de Asturias).
  • Fecha de inauguración oficial: martes 21 de septiembre de 2010.
  • Autor: Orio dal Porto, artista argentino.

La obra

Se trata del busto de un ilustre hijo del concejo cangués, el dramaturgo, maestro y pedagogo Alejandro Casona. Igual a la ubicada en la recepción del colegio público que en la villa de Cangas lleva su nombre, ambas son una réplica de la que le homenajea desde 2001 en el parque del Rosedal, conocido como de los Poetas, en Buenos Aires (capital de Argentina). Antes de su ubicación actual, se hallaba medio escondido en la biblioteca municipal.

Su coste, más de 7.000 euros, fue sufragado por el Ayuntamiento local, el Centro de Asturias y el Centro de Cangas del Narcea de Buenos Aires.

El personaje

Alejandro Casona es el seudónimo del dramaturgo asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, nacido en Besullo (concejo de Cangas del Narcea) el 23 de marzo de 1903 en el seno de la familia formada por los maestros nacionales Gabino Rodríguez y Faustina Álvarez.

De La Casona, que acogía por entonces las escuelas del pueblo, toma el seudónimo con el que se dio a conocer y que luego utilizó como apellido.

Debido a la profesión de sus padres, hubo de cambiar constantemente de lugar de residencia. Inició el bachillerato en el Instituto Jovellanos de Gijón y lo terminó en Murcia en 1919. Impulsado por una profunda vocación pedagógica, se hace maestro nacional y luego realiza estudios de Filosofía y Letras, dando por entonces sus primeros pasos como escritor; más tarde, completa sus estudios en la Escuela Superior de Magisterio. El desempeño de su profesión le obliga a residir en varios lugares del territorio español. Al ser nombrado, en 1928, inspector de primera enseñanza en el valle pirenaico de Arán, es cuando inicia realmente su carrera literaria; así, traduce una obra de Strindberg y escribe tres comedias: «Otra vez el diablo», «El crimen de Lord Arturo» y «La sirena varada». En 1930 publica «La flauta del sapo», un libro de poemas. En 1931 le encomiendan la dirección del «Teatro del Pueblo» de las Misiones Pedagógicas, para el que escribió algunas de sus primeras piezas («Sancho Panza en la Ínsula», «Entremés del moro que casó con mujer brava»...). En 1933 logra el Premio Nacional de Literatura por el libro «Flor de Leyendas», una selección de grandes páginas de la Literatura. Con «La sirena varada» obtiene, en 1934, otro galardón: el Lope de Vega.

Ante la sublevación del 18 de julio de 1936 (inicio de la Guerra Civil española), Casona, comprometido con la República, se exilia a América, donde consigue estrenar con éxito varias de sus obras: «Prohibido suicidarse en primavera», «El crimen de Lord Arturo», «Las tres perfectas casadas», «La dama del alba», «La molinera de Arcos», «Los árboles mueren de pie», «La casa de los siete balcones», etc.

En 1962 retorna a España, donde se repuso o se estrenó la mayor parte de su obra. Ya en su país, escribió y logró representar muy exitosamente «El caballero de las espuelas de oro», obra basada en la biografía de Quevedo.

Fue también colaborador de varias publicaciones y traductor.

El 17 de setiembre de 1965 falleció en Madrid.

José Luis Campal, filólogo, miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) y comisario de la exposición bibliográfica conmemorativa del I Centenario de Alejandro Casona, en un interesante artículo suyo titulado «Casona, un dramaturgo de ensueño» (diario La Nueva España, Oviedo, 10 de julio de 2003, pág. 68), dice de él que fue «un dramaturgo de renombre internacional que paseó, con el beneplácito de crítica y público, un plantel de creaciones que lo refrendaron como el más exitoso de cuantos dramaturgos dio Asturias en el siglo XX». Y a continuación añade: «Alejandro Casona se hizo un hueco nada despreciable entre los más notables cultivadores españoles de un teatro poético no exento de apostillas pedagógicas o aleccionadoras. Es un autor que representa un modo de entender el hecho dramatúrgico quizás hoy en día sobrepasado, pero que continúa marcando las pautas de lo que debe ser la obra dramática perfectamente sustentada en una argamasa sólida y duradera, y con un profundo respeto por el espectador; un autor que, además, concibe sus piezas como vehículos expresivos de un mundo de ideas personales pero transferibles [...] Su mejor teatro está marcado por una fusión no subrayada de dos planos que para el dramaturgo son indisociables, el mundo de la ensoñación y el de la realidad, dos ámbitos que, fundidos, le sirven para explicar el mundo en que vive [...]. Las obras de Casona se distinguen por no buscar una renovación radical de la escena española y sí por dotar de calidad literaria y escénica a lo que se ofrecía en los teatros, donde imperaba el descuido formal». «Con todo –afirma Campal–, la dimensión de Alejandro Casona escapa el encasillamiento en la exclusiva dedicación a la escritura de textos dramáticos. Porque Casona no es sólo el afamado autor de más de una veintena de piezas que tuvieron una resonante carrera ("La sirena varada", "Nuestra Natacha", "Prohibido suicidarse en primavera", "La dama del alba", "Los árboles mueren de pie", "La barca sin pescador" o "La casa de los siete balcones"). Es también el adaptador de teatro extranjero; el revisador de clásicos del teatro universal como Shakespeare, Tirso de Molina, Fernando de Rojas o Lope de Vega. En Casona hallamos igualmente el Casona poeta, el prologuista, el traductor, el cuentista, el ensayista, el pedagogo, el autor de un libreto operístico, el guionista de cine, el colaborador de prensa, el charlista radiofónico. En Casona, en fin, encontramos al hombre comprometido en llevar la instrucción y el progreso a los más desfavorecidos a través del "Teatro del Pueblo" de las Misiones Pedagógicas de la II República, que él dirigió y con el que recorrió la meseta castellana en los primeros años 30. Casona, pues, es poliédrico pero armónico, porque todo este cúmulo de inquietudes supo sintetizarlas en su faceta teatral».

Fuente: EuroWeb Media, SL


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